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sábado, 4 de febrero de 2012

Pasteles de nata, pasteis de nata, pasteles de Belém.

(...) Nadie lo sabía tan bien, precisamente, como los hombres grises. Nadie sabía apreciar tan bien el valor de una hora hora, de un minuto, de un segundo de vida, incluso, como ellos. Claro que apreciaban a su manera, como las sanguijuelas aprecian la sangre, y así actuaban.
- ¡Lo ve! -repuso el hombre gris, chupando con satisfacción el pequeño cigarro-. Pero ¿de dónde sacar el tiempo? Hay que ahorrarlo. Usted, señor Fusi, gasta el tiempo de un modo totalmente irresponsable. Se lo demostraré con una pequeña cuenta. Un minuto tiene sesenta segundos. Y una hora tiene sesenta minutos. ¿Me sigue? - Claro -dijo el señor Fusi. El agente nº XYQ/384/b comenzó a escribir las cifras, con un lápiz gris, en el espejo.
- Sesenta por sesenta son tres mil seiscientos segundos. Un día tiene veinticuatro horas, es decir, tres mil seiscientos por veinticuatro, lo que da ochenta y seis mil cuatrocientos segundos por día. Un año tiene, como sabe todo el mundo, trescientos sesenta y cinco días. Lo que nos da treinta y un millones quinientos treinta mil segundos por año. O trescientos quince millones trescientos sesenta mil segundos en diez años. ¿En cuánto estima usted, Señor Fusi, la duración de su vida?


Momo, Michel Ende.


Cuando quería engañar al tiempo cruzaba el puente Tui-Valença, lo crucé muchas veces en aquellos años, hasta que el tiempo se paró y los relojes invirtieron su paso, restando en lugar de sumar el tiempo que estaba por llegar. En el corto trayecto de aquel renqueante puente de hierro, las manecillas del reloj se precipitaban marcha atrás y cuando alcanzaba la otra orilla del Miño y embocaba el camino de adoquín, marcaba ya el reloj una hora menos. Celebraba mi conquista con un café portugués y uno (o dos) pasteis de nata. Incluso a veces volvía a cruzar el puente de vuelta con una caja de cartón blanco, donde sobreviviría escasas horas otra media docena de estos pasteles. No sabría decir cuánto tiempo duró esto, después los hombres grises debieron darse cuenta de mi engaño y el tiempo se paró para marchar ya solo en una dirección.
Empieza febrero, año bisiesto, y lo inaguro con una receta que quería probar desde hacía tiempo, os pasteis de nata o de Belém, los famosos pasteles de hojaldre y crema que podemos encontrar en todas las pastelerías portuguesas, el perfecto desayuno con un buen café, cuando aún quedan las veinticuatro horas de un día por delante.


Ingredientes para unos 24 pasteles:

- Hojaldre o masa folhada. En realidad la elaboración de la masa folhada varía un poco de la del hojaldre, al menos tal y como lo hacemos aquí. Yo realicé la receta de la masa y de los pasteles siguiendo los pasos de Sabor intenso, donde podéis encontrar muchas de las recetas de la gastronomía portuguesa y además magistralmente explicadas. Hice la masa siguiendo su receta, podéis encontrarla pinchando aquí y utilicé la mitad de la masa para los pasteles. El resto la congelé.

Para la crema:

- 500 ml. de leche entera.
- 64 gr. de harina.
- 7 yemas.
- 500 gr. de azúcar.
- 250 ml. de agua.
- cáscara de limón.
- 1 rama de canela.

Disolvemos en un cuenco la harina con un poco de leche fría (250 ml.). Ponemos a calentar el resto de la leche con el limón y la canela. Cuando rompa a hervir añadimos la harina disuelta en leche y removemos bien para que no queden grumos. Cuando vuelva a hervir retiramos del fuego.
En otro recipiente ponemos al fuego el azúcar con el agua y removemos. Cuando llegue a ebullición dejamos exactamente 3 minutos antes de retirar del fuego. Añadimos el agua con azúcar poco a poco a la crema anterior y vamos mezclando con cuidado. Una vez la mezcla esté perfectamente integrada, retiramos la canela y el limón y pasamos todo por un colador para refinar la crema. Añadimos ahora las yemas y mezclamos bien.
Enrollamos el hojaldre y cortamos unos discos de 1,5 cm. los ponemos en la basa de unos moldes tipo flanera y con las yemas de los dedos extendemos hasta cubrir las paredes de los moldes (quedan como unos cestitos de masa). Rellenamos con la crema y horneamos unos 20 minutos a 250º. La crema tiene que dorar y hacerse el hojaldre.
Pinchando aquí podéis ver la receta de Sabor intenso en imágenes.


martes, 20 de diciembre de 2011

Bocconotti al tiramisù.

Margarete había crecido en una pequeña ciudad cercana y se había marchado a Berlín para no regresar nunca más. Para estudiar lenguas extranjeras, viajar lejos y quedarse allí lejos. Pero al final había vuelto para instalarse. Al principio, solo los fines de semana; luego unos cuantos meses. (...) Pero su casita, su banco junto al arroyo, sus caminatas, sus traducciones, su estar sola...todo aquello era una versión de la vida pequeña de la que había huído. Y ella lo sabía.

El fin de semana, Bernhard Schlink.



Cuando lo único que te apetece ya es volver.

Esta receta debería llevar el subtítulo "o de cuántas posibilidades tiene la pasta frolla!". Sobre mis experimentos con esta pasta italiana, impresindible en toda su repostería, ya di cuenta en mi receta de galletas nubes. Mis últimas pesquisas van por el mundo de las mantequillas y después de probar varias de marcas comerciales y algunas de esas que venden de producción "semiartesanal", al final me quedo con....(redoble de tambores) ...las barritas de mantequilla de la marca Arias.  


Para la pasta:
 - 125 gr. de mantequilla.
- 80 gr. de azúcar glas.
- 250 gr. de harina de trigo.
- 1 huevo mediano.

Para la crema de tiramisù:
- 250 gr. de queso mascarpone.
- 1 taza de café (según gustos ajustamos la cantidad, yo utilicé una taza de las de cafetería)
- 3 cucharadas soperas de azúcar.

Mezclamos en la trituradora la mantequilla con el azúcar glas. Ponemos esta masa en un cuenco y añadimos el huevo. Amasamos hasta que se integre perfectamente. Vamos añadiendo la harina y amasando hasta conseguir una pasta uniforme. Cogemos montoncitos de pasta, los aplastamos con la palma de la mano y cubrimos los huecos de los moldes (tipo flanes individuales). Para hacer la crema mezclamos el mascarpone con el azúcar y el café. Rellenamos 2/3 de los bocconotti con la crema. Como quería aprovechar toda la crema rellené demasiado algún molde, el resultado es que se desborda un poco el contenido como podéis ver en la foto. Para cerrar los bocconotti repetimos la operación de la pasta y esta vez modelamos una tapa que colocamos sobre los moldes y sellamos ayudándonos de las yemas de los dedos (no hace falta sellar con agua).
Horneamos a 190º hasta veamos que esté hecha la masa , entre 15 y 20 minutos.
Espolvoreamos con cacao en polvo.
Sfiziosi!!

sábado, 22 de octubre de 2011

Unos cannoli.

Fue una espera interminable. No sé cuánto tiempo pasó en los relojes, de ese tiempo anónimo y universal de los relojes, que es ajeno a nuestros sentimientos, a nuestros destinos, a la formación o derrumbe de un amor (...) no, ni siquiera ese muro era siempre así: a veces volvía a ser piedra negra y entonces yo no sabía qué pasaba al otro lado, qué era de ella en esos intervalos anónimos, qué extraños sucesos acontecían (...) y hasta pensaba que toda esa historia de los pasadizos era una ridícula invención o creencia mía y que en todo caso había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío, el túnel en que había transcurrido mi infancia, mi juventud, toda mi vida. Y en uno de esos trozos transparentes del muro de piedra yo había visto a esta muchacha y había creído ingenuamente que venía por otro túnel paralelo al mío, cuando en realidad pertenecía al ancho mundo, al mundo sin límites de los que no viven en túneles; y quizá se había acercado por curiosidad a una de mis extrañas ventanas y había entrevisto el espectáculo de mi insalvable soledad (...) Y entonces, mientras yo avanzaba siempre por mi pasadizo, ella vivía afuera su vida normal, la vida agitada que llevan esas gentes que viven fuera, esa vida curiosa y absurda en que hay bailes y fiestas y alegría y frivolidad (...) Y entonces sentía que mi destino era infinitamente más solitario que lo que había imaginado.

El túnel, Ernesto Sábato.





Todo túnel debería tener, además de una entrada, una salida luminosa.

Los cannoli son un dulce típico de Sicilia pero que se pueden degustar por toda la península con diferentes variantes, fuera de sus fronteras se hicieron muy populares a raíz de la serie Los Soprano, eran la debilidad de su protagonista. La crema está hecha a base de ricotta, que no conseguí encontrar, y aunque dudé en substituírla por un requesón, al final me decidí por el mascarpone que hoy en día se encuentra con mucha facilidad. Otros cambios respecto a la receta tradicional son la substitución del vino de Marsala por Moscatel, la manteca por mantequilla y las frutas escarchadas por pepitas de chocolate.

Ingredientes para la crema.

- una terrina de queso mascarpone (250 gr.).
- 80 gr. de azucar.
- pepitas de chocolate.

Mezclamos el mascarpone con el azúcar y dejamos reposar en la nevera mientras elaboramos la masa. Las pepitas las añadiremos en el momento de rellenar los cannoli.

Ingredientes para la masa de los cannoli:

- 250 gr. de harina de repostería.
- 1 cucharada de postre de sal.
- 1 cucharada de postre de canela.
- 1 cucharada sopera de chocolate en polvo.
- 3o gr. de azúcar glas.
- 100 gr. de mantequilla reblandecida.
- 1 huevo mediano.
- una copa pequeña de vino Moscatel o cualquier vino de postre, dulce y seco.

Tamizamos y hacemos un volcán con los ingredientes secos. Añadimos la mantequilla pomada y el huevo y amasamos. Añadimos el vino dulce y seguimos amasando hasta conseguir una bola que no se nos pegue a las manos y sea firme aunque no dura. Dependiendo de la capacidad de absorción de la harina que utilicemos puede ser que utilicemos una mayor o menor cantidad de vino. Envolvemos en film transparente y dejamos reposar en la nevera.
Recuperamos la masa. La extendemos con ayuda del rodillo de cocina y las dejamos muy fina. Con la ayuda de un cortador circular hacemos varios círculos de masa. Cogemos uno a uno los círculos, los estiramos un poco con la mano hasta conseguir un óvalo y envolvemos un canutillo metálico. Sellamos los cannoli con un poco de clara de huevo o agua. Los freímos en abundante aceite y los dejamos enfriar antes de desmoldar.
Volvemos con el relleno; añadimos las pepitas de chocolate, mezclamos bien y rellenamos la manga pastelera. Hay que poner una boquilla grande porque las pepitas pueden obstruirla. Solo nos queda ya rellena estos pequeños túneles.

viernes, 29 de julio de 2011

Minibizcochos de chocolate y avellanas.


Pasada la media tarde, cuando las agujas del reloj habían superado ya la hora prudente de la merienda, el niño se aguantaba con picardía el hambre (...)
- Voy a prepararle la merienda a Ángel. ¿Quiere usted tomar algo, doña Aurora? ¿Tiene hambre?
- ¿Hambre? ¡Qué barbaridad! María, yo no tengo hambre, lo que tengo es debilidad.
 Quizás esta conversación sólo ocurriera delante del niño una vez, o dos veces, o tres, pero Ángel la conserva como una escena ritual, insustituible, en todas las visitas de doña Aurora, que disfrutaba del café con leche y el bizcocho de doña María más que de las evocaciones de su juventud. Por eso doña Aurora vive en el recuerdo de Ángel como una mujer buena, melindrosa y perseguida por la debilidad.

Luis García Montero, Mañana no será lo que Dios quiera.


Chocolate, avellanas, azúcar.... rezaba la publicidad de una de las meriendas infantiles más conocidas hasta que la Nutella lo invadió todo. Pues eso mismo, una buena dosis de chocolate, de frutos secos y de azúcar ,y ventajas de hacerse mayor, ¡una taza de café!




Ingredientes (para 3 minimoldes):

- 2 huevos.
- su mismo peso en harina.
- su mismo peso en chocolate.
- su mismo peso en mantequilla.
- su mismo peso en azúcar (yo reduje a 160 gr. porque me parecía ya bastante dulce)
- un par de puñados de avellanas peladas.
- una cucharadita de levadura Royal.



Elaboración:

Derretimos la mantequilla sin que llegue a cocer y añadimos el chocolate troceado para que se funda. Añadimos el azúcar y las yemas de huevo removiendo bien. 
En un cuenco a parte batimos a punto de nieve las claras. 
Troceamos las avellanas, a mí me gusta encontrar los tropezones así que nos las trituré mucho.
En la mezcla del chocolate añadimos la harina tamizada con la levadura en polvo. En último lugar añadimos las claras a punto de nieve y mezclamos con movimientos envolventes de arriba a abajo.
Engrasamos bien los moldes y rellenamos con la masa. Horneamos a 180º, caldeo inferior y superior. Dependiendo del molde nos llevará más o menos tiempo. Comprobamos el punto de cocción por el aspecto de la parte superior e introduciendo un pincho metálico que tiene que salir limpio.



sábado, 2 de julio de 2011

Galletas nube de chocolate de B. Atxaga.

"Apartó la cabeza del respaldo del asiento y miró por el cristal de la ventanilla. Allí fuera, el cielo estaba azul oscuro , casi negro; sin embargo, en el sitio donde se acababa de poner el sol había una abertura de color verde que parecía un mar y en la que las nubes formaban islas amarillas, puertos rojos, barcos de color blanco. Se acordó de la canción que solían cantar el colegio después de las excursiones a la costa (...)"

Esos cielos, Bernardo Atxaga.



Cuando esta entrada salga yo estaré volando por "esos cielos" camino de Italia. Soltar lastre, esperar que las cosas que uno no pudo cambiar cambien solas en su ausencia y al regreso nada de nubes, un cielo límpido y despejado donde empezar a escribir una nueva historia come se niente fosse.






Ingredientes:

- 220 gr. de mantequilla.
- 125 gr. de azúcar glass.
- 1 yema de huevo.
- 275 gr. de harina.
- 60 gr. de chocolate en polvo que mezclaremos con un par de cucharadas de agua.
- 1 pizca de sal.


Elaboración:

Este invierno hice un montón de variaciones de pasta frolla, una pasta muy utilizada en Italia como base para las crostata y galletaen elaboraciones tanto dulces como saladas. Es una masa que lleva la mitad de mantequilla que de harina y esta receta es más o menos una variante aunque difiere un poco en la cantidad. Me resultaba una pasta difícil de trabajar, después de sacarla de la nevera cuando empezaba a cortarla se reblandecía, el cortapastas salía con dificultad de la masa...bueno, momentos críticos. Al final fui aprendiendo algunos truquillos. Trucos que funcionan:
- En el complemento "cortador" que me venía con la batidora trituro y mezclo la mantequilla, el azúcar glass y la harina.
- La mantequilla de la nevera directamente.
- la pizca de sal imprescindible para retener la humedad.
- fundamental que la metamos en la nevera del siguiente modo: hacemos dos bolas de pasta y las colocamos por separado entre dos hojas de papel de horno. Aplastamos con la ayuda de un rodillo de cocina hasta conseguir una hoja de pasta del grosor que queramos (no muy fina) y refrigeramos así. Será mucho más fácil cortar y dar forma y no se nos recalentará la masa de trabajarla en exceso.

Para estas galletas mezclamos la harina, la mantequilla, la sal y el azúcar glas como ya he dicho. Añadimos el chocolate y la yema de huevo. Mezclamos bien hasta conseguir una masa uniforme. El resultado es muy parecido a una mousse, es normal, la primera vez pensé que no había echado suficiente harina pero ya cogerá consistencia en la nevera (donde dejé reposar un par de horas). Metemos en el horno a 180º unos diez minutos. Aquí también aprendí de los errores, yo siempre dejaba las galletas en el horno más tiempo del que decían las recetas porque las veía blandas. En realidad a mí me gustan blandas por dentro y con algo de grosor, tipo las galletas escocesas de mantequilla. Así que lo mejor es sacarlas pronto y ya endurecerán fuera del horno, donde dejaremos reposar sobre una rejilla como la de la foto. La receta es una variación de las galletas botón de Mi dulce tentación, usé los mismos ingredientes y cambié un poco la elaboración.



Al otro lado de la ventanilla del autobús, por encima de los tejados llenos de antenas, el cielo - la sábana sucia- había iniciado su transformación. Tenía ahora, en uno de sus extremos, cinco o seis rayas azules y paralelas, como si de verdad se tratara de una sábana y alguien le hubiera hecho cortes con un cuchillo. ¿No solían ser los colchones de color azul? Pues el que parecía haber allí arriba también era azul. Además - cerró los ojos al darse cuenta del detalle- las nubes cercanas a una de las rayas azules tenían tintes rojizos (...)"

Esos cielos, Bernardo Atxaga.

lunes, 27 de junio de 2011

Trenza de enfilada.

- Señora Campa,... Señora Campa... un poco de caridad, no juzguemos al prójimo ligeramente- dice.
Y moja su tostada en el chocolate. El chocolate de la señora Campa es bueno. Se lo envían del Molinón, una casa de Oviedo que tiene fama de fabricar los mejores chocolates del Principado. También la tostada de Pepa Doncel es buena. Ella misma prepara las tostadas cuando la visita el cura, la maestra vieja o alguna personalidad importante de la villa. Al cura le gustan las tostadas y el chocolate de la señora Campa y le place saborearlos en su casa, en tanto vela por la salvación de su alma.

Dolores Medio, Historia de una maestra.







Hay historias que empiezan a trenzarse antes de que nosotros lleguemos a tener conciencia de que eso que algunos llaman destino no son sino vueltas del camino por el que hemos de pasar más de una vez. Es difícil para los descreídos intentar comprender cómo el tiempo va tejiendo y destejiendo a su antojo y cómo las casualidades a veces parecen más bien acciones, tan bien articuladas, que serían dignas de la novela perfecta.
Por San Roque, siesteando después de las fiestas de Oviñana, Marina y yo destrenzamos una de esas historias. Para tirar del hilo bastó un comentario tonto sobre nombres extraños, cuando su abuelo que trabajaba en el jardín, intervino en la conversación. En ese momento todos cogimos un cabo de la cuerda y acabamos de trenzar la historia que había comenzado más de cincuenta años atrás, cuando dos niños que resultaron ser nuestros abuelos compartieron pupitre. Recordaban todavía una amistad especial que el comienzo de la guerra truncó. No supieron más el uno del otro hasta ese momento en que sus dos nietas trenzaban ya su propia historia.
Esos días en Oviñana hubo verbenas, playa, paseos, comimos el arroz con leche riquísimo y esta enfilada que hacía su abuela.
Todo sigue su curso, queda un mes para San Roque, han pasado muchas cosas desde entonces y aquí estamos, trenzando...


Ingredientes:

- 750 gr. de harina
- 150 gr. de mantequilla.
- 15 gr. de levadura.
- 3 huevos.
- 200 gr. de azúcar.
- 1 cucharadita rasa de sal
- 1 copina de anís.








Elaboración:

Batimos los huevos con el azúcar hasta que queden espumosos, añadimos la mantequilla derretida y el anís. Disolvemos la levadura en un pocillo de leche templada y añadimos la sal. Lo añadimos a la mezcla de los huevos. Es el momento de añadir la harina e ir amasando. Para este proceso utilicé la panificadora en el programa de amasado, que incluye un par de levados con algo de temperatura. Si lo hacemos manual, después de amasar hasta conseguir que no se nos pegue a los dedos,  dejamos levar la masa entre 6 y 8 horas en un lugar seco y sin corrientes. Pasado ese tiempo recuperamos la masa, trenzamos y pintamos con huevo batido. Dejamos una hora más de reposo la trenza en el horno a 50º. Finalmente horneamos a 150º  entre 40 minutos y una hora. En mi caso hice la trenza demasiado corta por lo que en el horno al coger volumen tomó forma más bien de hogaza. Por eso creo que también me llevó casi una hora de horno y no los 30 minutos que decía la receta.












lunes, 6 de junio de 2011

Mantecado de Avilés.


- Pruebe estos bizcochos, mein Herr. Están hechos en casa.
El teniente alzó la vista y le sonrió.
- ¿Ha oído hablar de esos ciclones que se desatan en los mares del sur, señora Angellier? Si he entendido bien mis lecturas, forman una especie de círculo cuyo borde consiste en una sucesión de tormentas, mientras que el centro permanece inmóvil, de tal modo que un pájaro o una mariposa que se encontrara en el ojo del huracán no sufriría ningún daño, ni siquiera se le arrugarían las alas, mientras a su alrededor se producen terribles estragos. ¡Mire esta casa! ¡Mírenos a nosotros tomando vino de Frontignan y comiendo bizcochos, y piense en lo que está ocurriendo en el mundo!

Irène Némirovsky, Suite francesa.






Este es el mantecado de Avilés, el mismo que se asoma en las pastelerías de toda la vida,  la de Polledo en la calle Rivero y la ya desaparecida de San Francisco. El que se llevaba los fines de semana cuando se iba de visita y con la misma receta que el Bollo de Pascua, bollo con una forma única y al que se dedicó una plaza junto al Palacio de Camposagrado.

Aunque su apariencia es sencilla, como la de un bizcocho escarchado, su sabor es delicado y engañoso y digo engañoso porque uno empieza mojándolo en el café y media hora después la mantequilla ingerida causa estragos. Sólo puedo decir que es delicioso y que me trae más de un recuerdo especial.
Ahora que el Centro Niemeyer ha puesto de moda Avilés y muchos la están descubriendo y los de la zona redescubriéndola, sus pastelerías ofrecen versiones de este clásico, como los mini mantecados de  Pomme Sucre y las Nieyemitas del Parche.
Cuando Aliter Ducia, tal vez la bloggera gastronómica más conocida de Asturias, propuso para celebrar la buena andadura de su blog la elaboración de una receta asturiana me costó decidirme. Son muchas y  todas muy especiales, el pote de berzas de las abuelas, la fabada en todas sus variantes, el arroz con leche, los bollinos preñaos , las avellanas tostadas de las romerías, el incontestable cachopo... Pero haciendo balance esta me pareció especial por varios motivos. Así que os animo a venir a Avilés y si no puede ser a prepararlo en casa.

jueves, 19 de mayo de 2011

Brioche para Arturo y Elida Massolari.

L'operaio Arturo Massolari faceva il turno della notte, quello che finisce alle sei. Per rincassare aveva un lungo tragitto, che compiva in bicicletta nella bella stagione, in tram nei mesi piovosi e invernali. Arrivava a casa tra le sei e tre quarti e le sette, cioè alle volte un po' prima alle volte un po' dopo che suonasse la sveglia della moglie, Elide. (...)
Alle volte invece era lui che entrava in camera a destarla, con la tazzina del caffè, un minuto prima che la sveglia suonasse (...)
Italo Calvino, L'avventura di due sposi, Gli amori difficili.


Arturo Massolari llega del turno de noche justo en el momento en que su mujer se despierta para ir a trabajar. Cuando ella, medio dormida, lo abraza, puede adivinar el tiempo que hace fuera. Se avergüenza un poco de que su marido la vea así, con los ojos vencidos por el sueño y el pelo ensortijado. Él vacía la fiambrera y el termo del café y le hace el desayuno. Después ella se va y él se empequeñece para encajar en el hueco caliente que ella dejó en la cama.
En apenas cuatro páginas Calvino consigue retratar con una ternura estremecedora el encuentro- despedida de una pareja que se cruza a primera hora de la mañana durante unos minutos. Apetece colarse en la historia, prepararles un desayuno, regalarles una mañana para ellos. 
Así que este este es el brioche para Arturo y Elide Massolari. La receta es de Kako, hace unos días su blog se llenó de brioche, anisado, con cítricos... Yo elegí la versión anisada, adaptada un poco en cuanto a los ingredientes y al proceso.  Utilicé la panificadora para el amasado y eché todos los ingredientes al mismo tiempo y en lugar de las semillas de anís añadí directamente un chorro generoso de anís  "La Asturiana".



Ingredientes- 425 gr. de harina de fuerza.-1 huevo.- 80 gr. de azúcar.-15 gr. de levadura fresca.- una pizca de sal.-un chorro de anís.- 150 ml. de suero de leche (dejamos la leche entera reposar con un chorro de zumo de limón unos 15 minutos, tiene que salir como una espuma). Esta es la manera casera de conseguir buttermilk. - 60 gr. de aceite de oliva suave.
Elaboración:

Añadimos los ingredientes líquidos en el fondo de la panificadora y encima los secos y la levadura. Marqué el programa de amasado que dura unos 10 minutos y dejé fermentar en la misma panificadora. Cuando volví del trabajo había triplicado el volumen. Lo saqué del recipiente de la amasadora y desgasifiqué suavemente con un rodillo. Se estiende la masa, sin dejarla demasiado fina, se enrolla y se cortan rodajas gruesas que disponemos en un molde. Lo dejé reposar en la nevera toda la noche. Por la mañana lo dejé templar a temperatura ambiente una media hora y aproveché para precalentar el horno a 180º. Horneamos unos 30 minutos. Desmoldamos y espolvoreamos con azúcar glass.
Creo que es la receta más saludable que encontré de brioche, no lleva mantequilla y sólo es necesario un huevo. 

Puesta la mesa, dispuestas todas las cosas, listas y al alcance de la mano para no tener que levantarse más veces, entonces era el momento en el que les asaltaba el deseo de tener un poco de tiempo para estar juntos y casi no conseguían llevarse la cuchara a la boca, de las ganas que tenían de quedarse allí cogidos de la mano.
Italo Calvino, La aventura de los esposos, Los amores difíciles.