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lunes, 27 de febrero de 2012

Ñoquis de calabaza al romero.

Esperar a una mujer, quiero decir, a una mujer por quien se tenga, digamos, cierto interés, no es de la misma naturaleza y consecuencias que esperar a un amigo, o a una desconocida cualquiera con quien toca tratar de negocios. En esos casos, el atraso suscita, cuando mucho, disfrazada irritación o enfado. Pero dar los cien pasos aguardando a una, llamémosle, novia, sobre todo en la fase de candidata, es un sobresalto, una agitación interior, un desgaste de ánimo que nos envejece, nos debilita los nervios, nos arruga la piel, nos curva la columna, nos atenaza las articulaciones, basta con que veas en  lo que me he convertido. Al primer minuto se insinúa el arduo, consabido ejercicio de memoria. ¿Me habré equivocado de sitio? Se mira alrededor, se considera el tiempo y el espacio, se rememoran las circunstancias y las palabras de la cita. Ya han pasado tres minutos y las dudas están resueltas en su práctica totalidad, sí, era hoy, era en esta puerta, sí, no hay otro quiosco, sí, era a las seis, y juntamos, como los restos de una porcelana quebrada, las razones de hecho que confirman, indefectiblemente esa certeza. Y se va instalando el desaliento al verificar que ella, al final, no ha venido.

Fantasía para dos coroneles y una piscina, Mário de Carvalho.




Que nos den calabazas que ya se nos ocurrirá algo que hacer con ellas.

Ingredientes:

- Una taza de pulpa de calabaza. En esta ocasión corte y pelé la calabaza, la sazoné y la asé en el horno a 200º. Tiene que quedar blanda, probamos el grado de cocción con un tenedor, serán unos 20 minutos. Si la hervimos, por mucho que tratemos de escurrirla, siempre tendrá mucha más agua y esto nos complicará el proceso de elaboración. Una vez asada trituramos con la ayuda de un tenedor.
- Aproximadamente 3 tazas de harina. Como siempre dependerá del grado de absorción de humedad de nuestra harina, del tamaño del huevo y de la misma humedad de la calabaza que necesitemos disminuir o aumentar la cantidad de harina.
- 1 huevo.
- nuez moscada y sal.
- una nuez de mantequilla.
- una ramita de romero.
- abundante parmesano recién rallado.

Hacemos un volcán con la harina, introducimos la pulpa de calabaza y cascamos el huevo. Rallamos un poco de nuez moscada. Comenzamos a amasar regulando la cantidad de harina. El resultado debe ser una bola de masa blanda pero compacta, que no se nos pegue a los dedos. Es importante no abusar de la harina porque lo notaremos en el sabor.
Dejamos reposar una hora antes de trabajar.
Sobre una superficie enharinada recuperamos la masa y moldeamos los ñoquis. Podemos hacer bastones de masa que luego cortamos con un cuchillo o hacerlos directamente con la mano. Colocamos un tenedor boca a abajo y pasamos las bolitas de pasta para que queden las estrías tan características.
Cocemos en una olla como el resto de la pasta, cuando los ñoquis suban a flotar en la superficie estarán listos.
En una sartén ponemos una nuez de mantequila y deshacemos un ramito de romero. Añadimos los ñoquis, los salteamos y espolvoreamos de parmesano recién rallado. 
Buon appetito!

sábado, 17 de diciembre de 2011

Canelones de langostinos con salsa de marisco al azafrán.


Desde la fecha de su fundación, que coincide con la firma del tratado de Viena en 1738, la gesta mafiosa se ha venido sellando con estos almuerzos, estos banquetes, estos festines, estas comidas o cenas clandestinas en las que los "capi" se reúnen o se rencuentran para celebrar sus aniversarios, festejar sus éxitos o poner a punto la logísitca del "pizzu" (...) Los gourmets pueden estar tranquilos, pues en esta obra su curiosidad quedará satisfecha. Verán que los cabezas de familia también saben ser excelentes cocineros y que su cocina a secas no tiene nada que envidiar a su cocina político-criminal. Esto también es una tradicción siciliana, porque en la isla es costumbre honrar a quienes se invita a la propia mesa diciéndoles:
- Quiero que sepan que yo mismo me encargaré de cocinar.

La Mafia se sienta a la mesa, Jacques Kermoal y Martine Bartolomei.






A más de uno le vendrán seguramente instintos criminales estas fiestas... 
Los canelones y la pasta en general son una buena manera de cocinar  y aprovechar esos restos de comida que sería un dolor tirar y que pueden darnos todavía alguna alegría. Como por ejemplo estos canelones con langostinos y verdura de lo más invernal, y en lugar de la clásica bechamel una salsa de azafrán que según Le Roux es una salsa perfecta para pescado y marisco. Memòries de una cuinera nos invitaba a preparar unos canelones y esta es mi propuesta.




Ingredientes (para 4 canelones por persona).

- 600 gr. de langostinos crudos.
- 1 diente de ajo.
- sal y mienta negra.
- 1/4 de repollo.
- caldo de pescado o marisco.

Podemos aprovechar cualquier caldo de pescado o marisco. Yo no tenía y en la olla hice un caldito rápido. Aprovechamos las cabezas y las pieles de los langostinos, añadimos unos huesos de rape, media cebolla, media rama de apio, unas ramas de perejil, unos granos de pimienta y un poco de sal y hervimos todo. Desespumamos, colamos y reservamos.
En una cazuela baja rehogamos el ajo bien picado, añadimos los langostinos y sazonamos con la sal y la pimienta negra. Les damos un par de vueltas y apartamos para que no nos queden secos. En el aceite de pasar los langostinos menguamos la verdura cortada en juliana lo más fina posible. Cuando haya reducido  añadimos un cucharón de caldo y dejamos que se haga hasta que esté cocida pero un pelín crujiente, "al dente". Escurrimos bien y mezclamos la verdura con los langostinos, podemos añadirle una cucharada o dos de la salsa de azafrán para ligar bien el relleno.
Cocemos los canelones, secamos y rellenamos.

Para nuestra salsa de marisco al azafrán:
La receta de esta salsa es de Michel Roux, pero yo opté por cambiar la nata por leche Ideal (leche deshidratada, que no en polvo). Se trata de una salsa líquida así que al que le gusten los canelones con una salsa espesa mejor volver a la bechamel.

- 3/4 de una lata de leche Ideal o nata para quien la prefiera más fuerte y espesa.  
- 1 litro de caldo de marisco.
- unas hebras de azafrán.
- sal y pimienta.

Cocer a fuego fuerte el caldo marisco hasta reducirlo a un tercio. Añadir el azafrán y la leche Ideal y cocer durante 5 minutos hasta conseguir la textura deseada. Napar nuestros canelones.

martes, 20 de septiembre de 2011

Lasaña de pato y mermelada de higos II.

 Fu il 15 di giugno del 1767 che Cosimo Piovasco di Rondò, mio fratello, sedette per l'ultima volta in mezzo a noi. Ricordo come fosse oggi. Eravamo nella sala da pranzo della nostra Villa d'Ombrosa, le finestre inquadravano i folti rami del grande elce del parco. Era mezzogiorno, e la nostra famiglia per vecchia tradizione sedeva a tavolo a quell'ora. Tirava vento dal mare, ricordo, e si muovevano le foglie. Cosimo disse: - Ho detto che non voglio e non voglio!- e respinse il piatto di lumache. Mai s'era vista disubbidienza più grave.

Il barone rampante, Italo Calvino.





Un plato de caracoles despierta la rebeldía de Cosimo, ante la mirada estupefacta de los barones no solo desprecia el plato sino que abandona la mesa en un gesto que va más alla de la mala educación. Así empieza la nueva vida de Cosimo sobre los árboles, una hermosa alegoría en la que de rama en rama Calvino nos pasea por algunas verdades y mentiras de la vida. Estos días se celebra el anicersario de su muerte y en los tiempos que corren no estaría de más su visión tan real como fantástica del mundo. Tampoco estaría de más algún que otro golpe sobre la mesa, pero esa ya es un'altra storia.

Esta lasagna la preparé como entrante, es una solución aparente, sencilla y sobre todo muy rápida además de sabrosa. El pato es muy graso y fuerte así que es mejor una porción pequeña si va a ser un primer plato. Además es una manera diferente de utilizar el confit, sin su piel y con la pasta. Me comentaba Isabel de Aliter Dulcia que ella acompañaba el confit de mermelada de higos y es que es una buena combinación siempre y cuando te guste el contraste dulce salado.

Ingredientes:
- unas placas de lasagna cocidas.
- una lata de confit de pato.
- mermelada de higos (se trataba de seguir dando propuestas a la mermelada que hice de higos pero va mmuy bien con frutos rojos o manzana)

Cocemos las placas de lasagna en una olla con agua hirviendo, a la que habremos echado la sal cuando rompa a hervir. Cocemos el tiempo que indique el paquete de pasta. En una cazuela con un fondo de agua calentamos la lata abierta del confit. Se trata de que se funda la grasa al baño María y podamos retirar los muslos más limpios. Cuando preparamos el confit al horno dejamos que se dore y quede crujiente la piel pero en este caso retiré la piel porque nos interesa sólo el magro. Esto que voy a decir ya se que es una aberración contra los buenos hábitos alimenticios pero unas verduras saleteadas en una poco de esa grasa del pato están de muerte y haciédolo de vez en mucho como algo excepcional tampoco debe ser tan grave. Para terminar calentamos la carne y desmenuzamos sólo un poco.
Alternamos capas de pasta y carne y  coronamos con mermelada de higos.
Más fácil imposible. Y todavía me queda una última propuesta dulce con la mermelada, un último guiño a Cosimo y a Calvino, tra poco...

martes, 24 de mayo de 2011

Gnocchi burro e salvia di Italo Calvino.

Cuando iba al cine, a veces se me hacía tarde (...) Miraba la hora, me decía que tal vez ya no me darían de comer en los pequeños restaurantes (...) entonces me decidía por una cena de pie, en la barra de la cervecería "Urbano Ratazzi", bajo mi casa.
- Ñoquis "al burro", por favor, - decía, y por fin el camarero tomaba el micrófono y repetía - una de ñoquis "al burro"! - y yo pensaba en el grito cadencioso que salía del altavoz de la cocina y  me parecía estar al mismo tiempo en la barra y acostado allì arriba en mi habitación, y las palabras se cruzaban finas entre las compañías de gente alegre que bebía y comía y el tintineo de los vasos y cubiertos ...

Italo Calvino, "La nuvola di smog", Gli amori difficili.



La gente que almorzaba en esos pequeños restaurantes era gente de paso, los clientes habituales eran hombres solteros, algún estudiante, militares e incluso  alguna empleada y solterona. Le gustaba sentarse en la mesa y contemplar la alegría de las camareras, todas de Altopascio. Las veía consumir su juventud encerradas en aquellos restaurantes, siempre pensando en el pueblo, recordando su vida allí. No se mezclaban con nadie de la ciudad, salían por las tardes a pasear con los muchachos  también de Altopascio. Ahorraban para conseguir un día tener su propia casa de comidas, a la que llegarían otras muchachas del pueblo con sus mismos sueños... 


Cada vez que intento hacer pasta fresca acaba siendo un fracaso, o me queda muy dura o como esta vez no consigo endurecer la masa. Tal vez fuera la receta, es la segunda de Giallo Zafferanno en la que me fallan las cantidades, o la harina utilizada. El caso es que para estos ñoquis utilicé casi el doble de la harina de la indicada en la receta en la receta porque la pasta no cogía consistencia y se me pegaba a las manos. También podrían ser las patatas que no fueran suficientemente "harinosas". Habrá que volver a intentarlo. Para estos ñoquis acabé de desplumar una planta de salvia a la que le quedaban dos suspiros de vida. Creo que también debería perfeccionar la forma... que haya que perfeccionar la receta no quiere decir que no se pudieran comer, estaban ricos, muy aromáticos y el toque de mantequilla era discreto. Las cantidades de mantequilla, aceite y salvia dependen del número de comensales y de los gustos.

Ingredientes para los ñoquis de patata:

- 1Kg. de patatas, cuanto más harinosas mejor.
- 300 gr. de harina. (esta es la cantidad propuesta de giallo zafferanno, yo debí llegar al medio kilo)
- 1 huevo.

Cocemos las patatas con piel. Las dejamos enfriar y las pelamos. Las pasamos por el pasapurés y dejamos las hilaturas sobre mesa en la que trabajaremos la masa. Espolvoreamos por encima la harina. Abrimos un cráter y echamos el huevo dentro. Comenzamos a amasar poco a poco hasta conseguir una masa uniforme. Dejamos reposar una media hora en la nevera.
Para conseguir la forma hacemos unos churros largos que luego cortamos en trocitos con la ayuda de un cuchillo. Con los dientes del tenedor les hacemos los surcos tan característicos de lo ñoquis. 

 Ingredientes:
 - un cubo de mantequilla.
- un chorro de aceite de oliva.
- unas hojas de salvia.
parmesano rallado.


Preparación:

En una olla con agua hirviendo echamos los ñoquis, bastan unos 4-5 minutos, cuando empiezan a flotar los retiramos y escurrimos.
En una sartén ponemos un cubito de mantequilla y un chorrito de aceite, cuando se funda añadimos las hojas trituradas de salvia y mezclamos bien. Vertemos unas cucharadas del agua de la cocción de los ñoquis y dejamos reducir. Añadimos nuestros ñoquis y dejamos que cojan bien los sabores y aromar. Añadimos abundante parmesano rallado y servimos.






Io mi sedevo a uno di quei bei tavolini puliti, un cuoco tornava in cucina, io leggevo il giornale, mangiavo con calma, ascoltavo quelli della tavolata ridere e scherzare e raccontare storie di Altopascio. Tra un piatto e l'altro dovevo aspettare magari un quarto d'ora, perché le camarierine era no lí sedute che mangiavano o chiaccheravano, e finivo per decidermi io a dire: - Signorina, un arancio... - e loro: - Subito! Anna, vacci tu! O Lisa! - ma a me così andava bene, ero contento.
Italo Calvino, "La nuvola di smog", Gli amori difficili.

martes, 10 de mayo de 2011

Timballo del Gattopardo.




Por eso cuando tres sirvientes, de verde, oro y rosa empolvado, entraron portando cada uno un inconmensurable  plato de plata que contenía un "timballo" de macarrones como un torreón, solo cuatro de las veinte personas se abstuvieron de manifestar una feliz sorpresa: el Príncipe y la Princesa porque  lo esperaban, Angélica por un gesto de afectación y Concetta por la ausencia de apetito. Todos los demás (Tancredi incluido, huelga decirlo) manifestaron su alivio de diferente modo, que iba desde una especie de estático gruñido aflautado del notario al agudo chillido de Francesco Paolo. Una mirada en círculo del dueño de la casa truncó rápidamente estas manifestaciones indecorosas. Buenas maneras a parte, el aspecto de aquellas babélicas pitanzas era digno de evocar un estremecimiento de admiración. El oro bruñido del envoltorio, la fragancia de azúcar y de la canela que emanaban, no eran sino el preludio de la sensación de delicia que liberaban de su interior cuando el cuchillo rompía la corteza, salía entonces un vapor colmo de aromas, se deshacían los higadillos del pollo, los huevos duros, las filaturas de jamón, del pollo y de las trufas, aprisionados en la masa untosa, muy caliente, de los pequeños macarrones cortos a los que la carne le daban un precioso color amarronado.
Giuseppe Tomasi di Lampedusa, El gattopardo, (1958).








(...) Perciò quando tre servitori in verde, oro e cipria entrarono recando ciascuno uno smisurato piatto d’argento che conteneva un torreggiante timballo di maccheroni, soltanto quattro su venti persone si astennero dal manifestare una lieta sorpresa: il principe e la principessa perché se l’aspettavano, Angelica per affettazione e Concetta per mancanza di appetito. Tutti gli altri (Tancredi compreso, rincresce dirlo) manifestarono il loro sollievo in modi diversi, che andavano dai flautati grugniti estatici del notaio allo strilletto acuto di Francesco Paolo. Lo sguardo circolare minaccioso del padrone di casa troncò del resto subito queste manifestazioni indecorose. Buone creanze a parte, però, l’aspetto di quei babelici pasticci era degno di evocare fremiti di ammirazione. L’oro brunito dell’involucro, la fraganza di zucchero e di cannella che ne emanava non erano che il preludio della sensazione di delizia che si sprigionava dall’interno quando il coltello squarciava la crosta: ne erompeva dapprima un vapore carico di aromi, si scorgevano poi i fegatini di pollo, gli ovetti duri, le sfilettature di prosciutto, di pollo e di tartufi impigliate nella massa untuosa, caldissima dei maccheroncini corti cui l’estratto di carne conferiva un prezioso color camoscio.”
Giuseppe Tomasi di Lampedusa, Il gattopardo, (1958).



Visconti dio vida magistralmente a los personajes de Lampedusa, ¿cómo olvidar el maravilloso vals entre Tancredi y Angelica o  Alain Delon y Claudia Cardinale? y qué decir de Burt Lancaster  que borda su papel como Príncipe de Salina.

Lampedusa recreó en su obra el ambiente selecto siciliano através de la familia Salina, que contempla cómo su mundo se ve amenazado por las ideas revolucionarias del Risorgimento y la unificación italiana. En verano la familia se traslada a Donnafugata para pasar la temporada estiva y en la comida inagural el Príncipe agasaja a sus invitados con un "timballo".

En cuanto mi compañera de Pan, amor y fantasia me comentó el motivo del concurso de Hecho en  mi cocina, HEMC #54, me vino a la mente esta receta. Estoy leyendo con mis alumnos del club di lettura Il Gattopardo en el marco de unas sesiones dedicadas a la celebración de la unificación italiana. Se trata de un plato de sabores intensos que son la suma de muchos aromas. Imposible describirlo mejor que Lampedusa. Busqué varias recetas por internet y traté de hacer la que más se acerca a la receta original con dos pequeñas modificaciones, no tan pequeñas si tenemos en cuenta que tenían que darle un sabor muy intenso. Por un lado los higadillos de pollo y por otro la crema pastelera. Pues sí, esos paladares tan refinados, seguidores de las modas de la corte borbónica parecían sentir debilidad por la mezcla de la crema pastelera con las albondiguillas de pollo y las salchichas. Puede que acabe probando, pero no quería arriesgarme a tener que tirarlo todo con el trabajo que me dio. Y es que para esta receta hay que preparar: la pasta frolla (que ya intenté sin demasiado éxito hacer en otras dos ocasiones), las albondiguillas de pollo, il sugo de carne y los macarrones. Vamos por partes.




PASTA FROLLA.
- 400 gramos de harina.
- 200 gramos de mantequilla.
- 200 gramos de azúcar glas.
- un poco de sal.
- una cucharadita de canela.
- 3 yemas de huevo.

De mis errores anteriores aprendí que es muy importante que el azúcar sea glass para que la masa ligue rápido y no quede arenosa y que la mantequilla se desmenuce antes con la harina (yo lo hice en el artilugio que viene con la batidora y que sirve para triturar o cortar). Hacemos un volcán con la harina y la mantequilla ya mezclados espolvoreamos la canela y la sal por encima y en el cráter ponemos las yemas. Empezamos a amasar y trabajamos poco la masa, lo suficiente para que se convierta en una masa uniforme. Envolvemos en plástico y reservamos en la nevera (por lo menos una hora)

ALBONDIGUILLAS DE POLLO.
- una pechuga de pollo picada.
- sal.
- perejil.
- tres cucharadas de queso parmesano rallado.
- pimienta negra.
- 1 huevo.
- pan rallado.
- trocitos de jamón cocido
Salpimentamos la carne picada, añadimos el resto de los ingredientes (menos el pan), hacemos unas bolitas del tamaño de una avellana y pasamos por el pan rallado. Freímos y reservamos.

 SUGO DE CARNE.

- 3 salchichas frescas.
- 4 cucharadas de salsa de tomate casero.
- unos guisantes cocidos  al dente.
- jamón cocido cortado en juliana.
- 4 setas grandes.
- 1 trufa pequeña.
- nuez moscada.
- medio vasito de vino.
- medio vasito de caldo de carne.

Rehogamos en una sartén las setas cortadas en juliana, las salchichas cortadas en trozos y el jamón cocido. Cuando estén dorados añadimos medio vasito de vino tinto y dejamos que se evapore el alcohol. Añadimos entonces la salsa de tomate, los guisantes y el medio vasito de caldo de carne. Dejamos reducir. Apartamos del fuego y le añadimos las albondiguillas de pollo. Ahora dejamos todo templar y cocemos la pasta.





Elegí unos rigattoni de Barilla. Los "timballi" se hacen con pasta corta, en muchos enlaces los vi rellenos de una pasta parecida a los fideos huecos de fideguá que se comercializan aquí. Es importante que sea una pasta hueca para que el jugo penetre entre los macarrones. La cocemos un pelín más dura que al dente porque en el horno se acabará de hacer. La escurrimos y mientras tanto recuperamos la masa.

Precalentamos el horno a 180 grados. 





Con la ayuda del rodillo de amasar estiramos la masa (le cortamos un trozo que servirá de tapa) y la colocamos en el molde. Tiene que salirse por los bordes del molde para poder sellar el timballo. El molde tiene que ser alto para conseguir la forma que queremos. Rellenamos alternando una capa de macarrones una de la salsa de carne, otra de macarrones y otra de la salsa. Colocamos la tapa y cerramos. Barnizamos con huevo batido.

Metemos en el horno a 180º unos 45 minutos, sacamos y dejamos enfriar antes de desmoldar.



Como prometía Lampedusa un olor a canela empezó a salir del horno y llenó la cocina...




lunes, 21 de febrero de 2011

Tagliarini al forno.

Whole kitchen, http://www.wholekitchen.info/, en su propuesta salada para el mes de Febrero nos invita a preparar todo un clásico de la gastronomía italiana, pasta fresca. Así que, aunque dan la oportunidad de presentar una propuesta sin tener un blog, la iniciativa me acabó de animar a tener el mío propio. Dejo para otro momento las declaraciones de intenciones y buenos propósitos, así que iré directamente a la receta.
La propuesta de este mes era una pasta fresca y larga. Me venía genial porque me acaban de regalar la máquina cortapastas estas Navidades aunque no la tengo todavía muy controlada. Así que hice la masa y probé diferentes cortes y grosores con la máquina. Al final me decidí por tagliarini, parecidos a los spaghetti pero planos y algo más anchos.
Faltaba por decidir la receta, pero en cuanto vi la "pasta broccoli al forno" di Mollica di pane http://mollicadipane.blogspot.com/ ya no hubo dudas. Aparte de la lasagna o los canelones, no es frecuente que aquí preparemos la pasta al forno, así que me pareció diferente. Consiste en acabar el plato en el horno, al que habremos añadido huevo batido y queso para que el resultado final sea parecido a un sformato o pastel.  Estos tallarines se preparan además con grelos, que seguramente todos identifican rápido con Galicia y que es mis segunda casa, o la primera según se mire. Otro guiño a esta tierra fue la elección de uno de sus quesos más famosos, el de tetilla ahumado San Simón da Costa. Creo que era la receta perfecta para empezar porque en un solo plato algo de dos tierras que para mí están muy unidas.
Vamos con la receta:
Para la pasta :




- 3 huevos.
- 300 gramos de harina.

Empezamos a amasar haciendo un nido de harina donde ponemos los huevos, vamos dejando caer la harina en el centro poco a poco hasta conseguir una masa elástica que no se pegue en los dedos. Dejamos reposar mínimo media hora. Es importante que los huevos no estén de nevera y amasar en una superficie que no sea mármol ni granito. Lista la pasta toca cortarla. Yo probé distintos grosores y corte:





Para el resto de la receta necesitaremos:
- unas hojas de grelos (ahora se comercializan también congelados)
- ajo picado.
- 2 huevos batidos.
- un puñado de queso rallado Gran Padano.
- unas rodajas de queso ahumado San Simón da Costa.



Las hojas de grelos se cuecen en agua hirviendo con sal. El grelo es una verdura de invierno,  conviene lavarlo muy bien para quitarle un poco el sabor amargo. Escurrimos bien y reservamos. En una sartén con un poco de aceite doramos el ajo fileteado y añadimos los grelos.
En un plato a parte batimos los huevos y añadimos el queso rallado. Cocemos la pasta unos minutos, (depende del grosor, pero la pasta fresca se hace antes), la sacamos "al dente", escurrimos y añadimos y mezclamos bien en la sartén con los grelos para que coja el sabor. En una fuente engrasada ponemos una capa de pasta, cubrimos con la mezcla de huevo batido y queso, unas lonchas de queso ahumado Don Simón, otra de pasta y terminamos con el resto del huevo. Con el horno muuy fuerte gratinamos al horno hasta que dore, es importante quer el horno esté muy fuerte para que la capa superior quede crujiente y dorada pero que el interioir sólo cuaje y no se nos seque. Sacar del horno y pronto!!
Mollica di pane utiliza los siguientes quesos: provola affumicata, pecorino y parmigiano. Aunque creo que ya se puede encontrar el pecorino yo solo contaba en casa con Gran Padano (tipo parmigiano) y elegí un queso ahumado de tetilla gallego con denominación de origen, queso de Don Simón. Tiene un toque ahumado y delicado a la vez y funde muy bien.