Esperar a una mujer, quiero decir, a una mujer por quien se tenga, digamos, cierto interés, no es de la misma naturaleza y consecuencias que esperar a un amigo, o a una desconocida cualquiera con quien toca tratar de negocios. En esos casos, el atraso suscita, cuando mucho, disfrazada irritación o enfado. Pero dar los cien pasos aguardando a una, llamémosle, novia, sobre todo en la fase de candidata, es un sobresalto, una agitación interior, un desgaste de ánimo que nos envejece, nos debilita los nervios, nos arruga la piel, nos curva la columna, nos atenaza las articulaciones, basta con que veas en lo que me he convertido. Al primer minuto se insinúa el arduo, consabido ejercicio de memoria. ¿Me habré equivocado de sitio? Se mira alrededor, se considera el tiempo y el espacio, se rememoran las circunstancias y las palabras de la cita. Ya han pasado tres minutos y las dudas están resueltas en su práctica totalidad, sí, era hoy, era en esta puerta, sí, no hay otro quiosco, sí, era a las seis, y juntamos, como los restos de una porcelana quebrada, las razones de hecho que confirman, indefectiblemente esa certeza. Y se va instalando el desaliento al verificar que ella, al final, no ha venido.
Fantasía para dos coroneles y una piscina, Mário de Carvalho.
Que nos den calabazas que ya se nos ocurrirá algo que hacer con ellas.
Ingredientes:
- Una taza de pulpa de calabaza. En esta ocasión corte y pelé la calabaza, la sazoné y la asé en el horno a 200º. Tiene que quedar blanda, probamos el grado de cocción con un tenedor, serán unos 20 minutos. Si la hervimos, por mucho que tratemos de escurrirla, siempre tendrá mucha más agua y esto nos complicará el proceso de elaboración. Una vez asada trituramos con la ayuda de un tenedor.
- Aproximadamente 3 tazas de harina. Como siempre dependerá del grado de absorción de humedad de nuestra harina, del tamaño del huevo y de la misma humedad de la calabaza que necesitemos disminuir o aumentar la cantidad de harina.
- 1 huevo.
- nuez moscada y sal.
- una nuez de mantequilla.
- una ramita de romero.
- abundante parmesano recién rallado.
Hacemos un volcán con la harina, introducimos la pulpa de calabaza y cascamos el huevo. Rallamos un poco de nuez moscada. Comenzamos a amasar regulando la cantidad de harina. El resultado debe ser una bola de masa blanda pero compacta, que no se nos pegue a los dedos. Es importante no abusar de la harina porque lo notaremos en el sabor.
Dejamos reposar una hora antes de trabajar.
Sobre una superficie enharinada recuperamos la masa y moldeamos los ñoquis. Podemos hacer bastones de masa que luego cortamos con un cuchillo o hacerlos directamente con la mano. Colocamos un tenedor boca a abajo y pasamos las bolitas de pasta para que queden las estrías tan características.
Cocemos en una olla como el resto de la pasta, cuando los ñoquis suban a flotar en la superficie estarán listos.
En una sartén ponemos una nuez de mantequila y deshacemos un ramito de romero. Añadimos los ñoquis, los salteamos y espolvoreamos de parmesano recién rallado.
Buon appetito!

