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martes, 21 de junio de 2011

Clafoutis salado de tomates confitados, feta y alcaparras.

Nuestras meriendas, almuerzos o comilonas campestres tuvieron lugar en todos los rincones, ya soleados, ya umbrosos, del Prospect Park. No puedo recordar exactamente cuántas de estas salidas hice con Sophie (media docena, por lo menos), ni me vienen tampoco con mucha claridad a la memoria los muchos sitios en los que estuvimos echados sobre la hierba: las rocosas oquedades, las veredas y los apartados senderos adonde llevábamos nuestras grasientas bolsas de papel marrón, nuestros cartones de medio litro de leche, amén de la antología de poesía americana de Oscar Williams (...)

W. Styron, La decisión de Sophie.





Son los únicos puntos de luz en una historia tan terrible como hermosa, las escapadas de sus protagonistas a Prospect Park y a las playas de Long Island, huyendo de la ciudad. A veces no es suficiente una nueva oportunidad, bastaría solo que la primera no hubiera sido tan terrible y cruel, condenados a elegir cuando en realidad la elección ya estaba hecha de antemano.

Esta receta es mi aportación al concurso "Comida para llevar" que organiza Sabores de colores en colaboración con Valira.




Clafoutis:
Para el falso clafouti (porque el original es de cerezas y dulce), haremos la base siguiendo la receta del dulce  y omitiendo el azúcar. Para la receta pinchad aquí.
Engrasamos el molde, yo hice cuatro individuales de ración. En el fondo disponemos los tomates cherry confitados, las alcaparras y el queso feta desmigado. Rellenamos los moldes con la base líquida.
Introducimos en el horno precalentado a 180º durante unos 15-20 minutos.



Los tomates confitados son una solución muy práctica para ensaladas, tortillas, platos de pasta, lasañas frías... Lavamos y secamos los tomates y los hacemos a fuego bajo en una sartén con un fonde de aceite y romero fresco. La temperatura del aceite debe estar en torno a los 70º. Es la manera de que se hagan sin deshacerse. Nos aguantan una semana por lo menos en la nevera, en un tarro y con los jugos que soltaron.
























miércoles, 11 de mayo de 2011

Aros de cebolla y dos salsas de P. Auster

 
 
 
 
 
 
 
 
Son las diez de la mañana del primer día del año nuevo, y está sentado en un reservado de Joe Junior's, la casa de comidas en la esquina de la Sexta Avenida con la calle Doce. (...) La cocina, en el mejor de los casos, es normal y corriente, el típico menú barato compuesto por docenas de combinaciones de desayuno, sándwiches de jamón y queso a la plancha, ensaladas de atún, hamburguesas, bocadillos calientes de pavo y anillos de cebolla fritos. Nunca había probado los anillos de cebolla, pero cuenta la leyenda que uno de los antiguos parroquianos, Carlton Rabb, ya fallecido, sentía tal pasión por ellos que incluyó una cláusula en su testamento para estipular que antes de que entregaran su cuerpo al eterno descanso metieran de contrabando en su ataúd una ración de anillos de cebolla de Joe Junior's. (..)

Paul Auster, Sunset Park.
 

 Como en las novelas de Paul Auster una cosa llevó a la otra. Nunca había probado los aros de cebolla y tenía ganas de seguir buscando salsas y aliños así que dos en uno o mas bien tres en uno, los aros de cebolla y dos salsas diferentes. Adictivos como las novelas de Mr. Auster.

Para los aros de cebolla.
- una cebolla grande, de las redondas que son más duras.
- un botellín de cerveza.
- seis cucharadas de harina.
- un puñado de sal.
- 1 huevo

En un bol mezclamos la harina, la sal y el huevo. Batimos con las varillas eléctricas. Añadimos poco a poco la cerveza sin dejar de batir para que no se formen grumos. Cubrimos y dejamos reposar en la nevera. Mientras preparamos los aliños.





          Salsa de atún.

         - 1 lata de atún en oliva
         - 1 aguacate
         - 3 guindillas en vinagre.
         - 1 cucharada de yogourt griego.

           Batimos y dejamos reposar en la nevera.



Salsa de alcaparras.
- 3 cucharadas de mayonesa.
- 2 cucharaditas de alcaparras.
- 1 cucharilla de mostaza.
- jugo de limón.
- 1 ajo.
Batimos y metemos en la nevera.




Pelamos y cortamos la cebolla en rodajas anchas. Separamos los aros y los echamos en el bol de la masa de cerveza.
Freímos en abundante aceite y los dejamos escurrir en un colador sobre un bol.

No soy muy de fritos pero ¡¡entiendo que sean viciosos!!

martes, 3 de mayo de 2011

Ensalada de patata nueva y alcaparras.

(...)
- La alcaparra es uno de los frutos más humildes de la tierra y en conserva alcanza uno de los sabores más delimitados. Nada sabe a alcaparra. Sólo las alcaparras.
Fuster no está de acuerdo y aduce que la alcaparra es fruto para ensaladas y que si ha entrado en algunas cocinas españolas es a través de la influencia italiana. Mediterránea, corrige Carvalho, tanto en Mallorca como en Menorca o Murcia la alcaparra es algo más que una nota de amargura en las ensaladas. 
(...)
Manuel Vázquez Montalbán, Cuentos negros.




La receta de la que habla Carvalho consiste en un suculento plato de cordero con salsa de alcaparras, una receta de Languedoc. Demasiado para mí y mi modesta cocina. Pero hacía tiempo que tenía ganas de hacer algo diferente con las alcaparras, algo que no fuera un un plato de pasta . Buscando recetas  por la red me tropecé con el famoso Jamie Oliver. No he visto nunca su programa pero he oído mucho hablar de él y sobre todo lo he visto por infinidad de blogs. Sus vídeos están en youtube y sus libros se venden a pares en todas las librerías. Jamie preparaba en esta ocasión, con una coreografía un tanto exagerada y bastante efectiva, una ensalada de patatas, alcaparras, eneldo y todo ello bien empapado en aceite. Muy apetecible. Mi versión no lleva eneldo (ni intenté buscarlo en las tiendas de este pueblo) y no lo acompañé de salmón ahumado aunque me da que la mezcla tiene que ir muy bien. De paso provaba unas patatas nuevas, de las pequeñas que compré hace unos días. El resultado no fue tan lucido como la ensalada Oliveriana, ni tan brillante de aceite, ni con eneldo, sin salmón...pues sí, aparentemente bastante sosa en las fotos, un pelín más cocida de la cuenta la patata para mi gusto pero muy rica. Lo de la ralladura de limón me parece el mayor acierto de esta ensalada aunque también es cierto que las alcaparras ya aportan el toque ácido y puede llegar a ser demasiado. Por eso mismo, ese toque avinagrado y ácido, creo que puede ir muy bien con pescados y carnes grasas de sabor fuerte como el cordero o el salmón. Algo más intentaré con las alcaparras...




Ingredientes:

- unas patatas pequeñas.
- un puñado de alcaparras.
- aceite de oliva virgen.
- sal.
- 1 limón.

Elaboración:

Pelamos y cocemos las patatas. Conviene echarlas cuando el agua  salada ya esté hirviendo y para comprobar el punto de cocción las pinchamos con la punta del cuchillo. Las retiramos del fuego y las dejamos escurrir y templar.
En un cuenco preparamos el aliño. Rallamos limón, añadimos un poco de su jugo, un buen chorretón de aceite y las alcaparras.
Dependiendo del tamaño de las patatas podemos cortarlas a la mitad o en trozos y todavía templadas las añadimos al aliño y mezclamos bien. Aquí podemos imitar esos golpes de plato tan salerosos de Jamie y evitamos que la patata se rompa y deshaga, que es lo que ocurre si mezclamos con un tenedor.

Podemos dejarla enfriar del todo o comer templada. Admite más ingredientes pero también como acompañamiento de una carne o un pescado a la plancha podría estar bien. Conseguí una receta con alcaparras y un plato genial para el verano.


domingo, 24 de abril de 2011

Quiche de alcachofas y anchoas.








(...) El incidente no le hizo desistir de su deseo de cenar a la romana y a la judía y se sometió a un duro régimen de "antipasto" con las alcachofas como elemento dominante, a la judía, simples, con limón, sal, pimienta y fritas en el extremo opuesto al barroquismo que puede alcanzar la alcachofa en las cocinas italianas, como la variada gama de las alcachofas rellenas, exquisitas a la siciliana o con el bouquet dominante de las anchoas o las rellenas de arroz o de atún. Disertaba con el maître a propósito de las alcachofas y de la cocina de la judería, cuando percibió claramente que le estaban vigilando (...)

Manuel Vázquez Montalbán, Cuentos negros.


Como sucede con la literatura la cocina es un placer en soledad, para poder recrearse hace falta ausentarse. Pero hay otro placer, éste compartido, que consiste en poder encontrar a alguien que habiendo sentido algo parecido esté dispuesto a compartirlo. He visto algo parecido en amigos melómanos, que pueden hablar durante horas de música, se descubren en sus debilidades por ciertos grupos o solistas, se aconsejan, se intercambian cedés y consiguen contagiar algo de ese entusiasmo. Es un gusto disfrutar de ciertas cosas, lo es también ver cómo disfrutan los demás pero lo es aún más poder compartirlo.

Bueno, pues es siempre un placer leer las observaciones gastronómicas de Vázquez Montalbán y a raíz de sus Cuentos Negros, recién publicados, me vinieron las ganas de alcachofas. Las alcachofas frescas no tiene nada, absolutamente nada que ver con las de bote o con las congeladas. Creo que es el producto que más cambia de fresco a conservado. Es verdad que se desperdicia una gran parte hasta llegar al corazón pero merece la pena. A mí siempre me encantaron pasadas por un poco de aceite y con un huevo batido hacer una tortilla francesa que coge el color oscuro de la alcachofa. Se me ocurrió que la mezcla con las anchoas que propone Montalbán no debía estar mal y de ahí la quiche de alcachofas y anchoas.







Ingredientes:

- 6 alcachofas.
- 4 huevos.
- 1 paquete de masa de hojaldre fresca.
- 6 filetres de anchoa en salazón.
- 1/2 cucharadita de levadurina Royal.

Elaboración:

Deshojamos las alcachofas hasta llegar a la parte tierna y las vamos introduciendo en un cuenco con agua fría y jugo de limón para que no se oxiden. En una sartén con un fondo de aceite rehogamos los filetes de anchoa hasta que se deshagan. Añadimos las alcachofas, cada una una cortada en cuatro gajos y dejamos que se doren bien.
En un cuenco batimos los huevos y la media cucharadita de Royal. No quería usar ni nata ni leche vaporizada así que añadí la levadurina para que luego subiera un poco el relleno y evitar también echar demasiado huevos. Por último añadimos las alcachofas con las anchoas. Mezclamos bien.
Colocamos el hojaldre en el molde, pinchamos el fondo con un tenedor y le echamos la mezcla del relleno.
Metemos en el horno precalentado a 180º y dejamos unos 15-20 minutos hasta que coja el aspecto dorado la masa y el relleno.

Todavía no he acabado el libro pero ya tengo alguna idea nueva, tengo ganas de probar salsas y platos con alcaparras, ¿Alguna sugerencia?